
La historia de un sueño que empezó con la música y acabó, contra todo pronóstico, entre fogones a la ribera del Guadalquivir.
Bib Gourmand '25 · '26
«Nunca se me pasó por la cabeza trabajar entre fogones. Siempre lo había considerado un hobby… pero a veces sucede que no asociamos trabajo y diversión.»

Deseó con todo su corazón ser músico; no pudo ser. Con los estudios en Bellas Artes tampoco le fue mucho mejor, y hasta le dedicó unos años a la jardinería. Sus padres, preocupados por su futuro, le abrieron los ojos: era hora de encontrar su verdadera vocación.
La respuesta la tenía en casa. «La pasión por la cocina me viene de familia: mis abuelas y mi madre son cocineras excepcionales, y siempre le hemos dado mucha importancia al buen comer.» Se matriculó en la Escuela Superior de Hostelería y Gastronomía de Toledo.

Tras terminar los estudios, se formó en restaurantes y hoteles de gran prestigio y reconocimiento, hasta llegar a dirigir las cocinas de importantes negocios hosteleros.
En ese camino conoció a la persona que más fuerza, ánimo, amor y apoyo le ha dado: Victoria, su mujer y la madre de su hijo. La hostelería es sacrificada, y fue precisamente ella quien le empujó a dar el paso definitivo.
«Nos decían que estábamos como una regadera por renunciar a la estabilidad en plena crisis.»

Decidieron seguir adelante. Gracias a sus familias, a grandes amigos y a enormes profesionales, en el verano de 2011 abrieron el primer Regadera. Fueron unos inicios humildes, pero a base de esfuerzo, dedicación y pasión, el proyecto fue creciendo.
Tanto, que «el tiesto» se quedó pequeño. Después de cuatro años, en 2015, abrieron el restaurante que Adrián siempre había soñado: la casa que hoy vive a la ribera del Guadalquivir, junto a la Mezquita-Catedral.
Adrián y Victoria abren su primer local. Inicios humildes, pasión de sobra.
El proyecto crece y se traslada a la ribera de Isasa, junto al Puente Romano.
Regadera recibe el Bib Gourmand: buena cocina a buen precio, reconocida.
La distinción se confirma un año más. El sueño, hecho realidad y sostenido.
Adrián insiste en que Regadera no se entiende sin las personas que la hacen posible cada día. Un equipo que trata cada producto con respeto y cada mesa como si fuera la propia casa.
Gracias a todos los que alguna vez habéis cruzado nuestras puertas. Te esperamos con una mesa y una historia que contar.